CAMBIOS DEMOGRÁFICOS Y PROTECCIÓN SOCIAL: PROBLEMAS PARA EL MODELO SOCIAL EUROPEO (Enrico Pugliese y Mattia Vitiello)

CAMBIOS DEMOGRÁFICOS Y PROTECCIÓN SOCIAL: PROBLEMAS PARA EL MODELO SOCIAL EUROPEO (Enrico Pugliese y Mattia Vitiello)

Enrico Pugliese


Profesor Emérito de Sociología del Trabajo de la Facultad de Ciencias Políticas, Sociología y Comunicación de la Sapienza, Università di Roma

Mattia Vitiello (PhD)


Sociólogo, es investigador del Istituto di Ricerche sulla Popolazione e le Politiche Sociali di Roma

Europa no tiene un único sistema de bienestar. Sin embargo, se puede correctamente hablar de un «modelo social europeo«. Éste consiste en la existencia, en todos los países europeos, de un conjunto de políticas sociales -más o menos ricas y más o menos eficaces– en relación con la Seguridad Social (pensiones y subsidios de desempleo), los Servicios Sociales (medidas de reducción de la pobreza y de rentas mínimas de inserción), la Sanidad, que se caracteriza por la existencia de un Sistema Sanitario Nacional en todos los países europeos, las Políticas Educativas y de formación profesional públicas y una serie de otras medidas de menor importancia. Este modelo, que a menudo se pone en entredicho y que atraviesa dificultades considerables, particularmente agravadas por la crisis actual, puede ser considerado como todavía vigente.

Los sistemas de bienestar nacional varían de un país a otro. Teniendo en consideración la tradicional subdivisión de los sistemas de bienestar en Europa (universal, meritocrático-contributivo y residual), en los países continentales y mediterráneos prevale el meritocrático, mientras el universal es característico de los países escandinavos. Éste último implica la generalización de las políticas sociales en beneficio de todos los ciudadanos mientras que el primero se centra en cambio en la condición de trabajador contribuyente. El tercero, el más débil, limita los gastos de políticas sociales a la población empobrecida, y no sería propio del modelo social europeo.

Dos tendencias contradictorias aparecen trasversalmente en los sistemas de bienestar europeos: un impulso hacia la universalización, es decir, a la extensión de beneficios sociales a todos los ciudadanos y otra hacia la “residualización” como reducción progresiva del conjunto de beneficios y la concentración de éstos exclusivamente en las categorías más marginales. Un ejemplo de la primera tendencia es la implementación de sistemas sanitarios nacionales en toda Europa. Un ejemplo de la segunda es el aumento de la contribución requerida a los ciudadanos para el acceso a los servicios, así como la difusión de prácticas de asistencia dedicadas sólo a sectores marginales de la población, a menudo con un carácter estigmatizante. En Italia, la social card (una modesta contribución económica en efectivo destinado a personas muy pobres) es el ejemplo más representativo.

Tanto en el modelo continental (que abarca países como Francia, Holanda, Bélgica y Alemania) como en el modelo mediterráneo, que para muchos es considerada una de sus variantes, el sistema no se basa sólo en la fiscalidad general (a diferencia de lo que ocurre con los sistemas universalistas) sino también y sobre todo en las contribuciones pagadas por los trabajadores y sus empleadores. Esta connotación es particularmente fuerte en la variante mediterránea, donde el sistema de bienestar en estos países es definido a menudo como laboral, en el sentido que en al centro del sistema no se encuentra el ciudadano como tal, sino el ciudadano con condición de trabajador.

Las principales características del sistema mediterráneo son la prevalencia de las transferencias monetarias (benefits in cash) con respecto a servicios públicos (benefits in kind). Como consecuencia, las pensiones inciden en el total de los gastos sociales en una proporción mucho mayor que en  otros contextos. Es por ello que se le considera age oriented, en el sentido que favorecería más a los ancianos respecto a otros grupos demográficos.  Sin embargo, es necesario recordar que esta convicción no toma en cuenta el hecho que los ancianos sufren mucho más de la carencia de servicios.

Es en este marco en el que se pueden identificar las causas de la crisis y las dificultades de los sistemas de welfare europeo y las transformaciones que está atravesando. El cambio más significativo es el demográfico, pero que no se puede entender como una variable independiente a la base del cambio social: la realidad demográfica y su evolución están asimismo drásticamente influenciadas por el contexto y por las distintas políticas sociales.

Al centro de los estudios y del debate político actual se encuentra el tema del envejecimiento de la población. Sin embargo no siempre se tiene en cuenta la diferente naturaleza de los procesos dChoose from the most used tagse envejecimiento. Por un lado, existe un «envejecimiento desde arriba» que consiste en el aumento en números absolutos de la población anciana debido al aumento de la expectativa de vida en todos los países, gracias a la capacidad de combatir las causas de muerte temprana y que viene facilitado principalmente por el desarrollo de sistemas nacionales de salud. Por otro lado, está el proceso de «envejecimiento desde abajo«, originado por el aumento en la incidencia de los ancianos en la población total determinada por la reducción progresiva de los nacimientos, especialmente en los países mediterráneos. En este caso, el proceso de envejecimiento está determinado por la decisión de las parejas jóvenes de retrasar el nacimiento del primogénito y de reducir el número de hijos. Se debe tener en cuenta que la reducción en las tasas de natalidad no sólo depende de la posibilidad de programar los nacimientos (que es una conquista social), sino también a las mayores dificultades que enfrentan las parejas jóvenes por los precarios medios de subsistencia y de falta de recursos para la atención al cuidado de los niños. En este último caso, no son los cambios demográficos los que influencian las políticas sociales, sino más bien las políticas sociales, o la carencia de las mismas, las que influyen en la estructura demográfica.

En relación con la dimensión y el alcance del envejecimiento en varios países, se ha observado un cambio de tendencia entre los países del área mediterránea y el resto del continente en los últimos años. Los primeros se caracterizaban, hasta hace pocos decenios, por una población más joven y con altas tasas de natalidad; en cambio, ahora se caracterizan por las bajas tasas de natalidad y mortalidad y, en consecuencia, el incremento de la población anciana. Este es el caso de Italia, que se ubica como el segundo país del mundo con mayor incidencia de los ancianos sobre la población total (sólo superada por el Japón). Los países europeos del Mediterráneo, por tanto, se enfrentan a un fenómeno no previsto en sus dimensiones y particularmente repentino. La población de adultos mayores aumenta en Europa, pero en los países mediterráneos se eleva a una tasa de crecimiento superior, con serias implicaciones para el sistema de bienestar en este momento crítico.

Otra problemática relevante que se encuentra en toda Europa, pero que en los países mediterráneos tiene una mayor incidencia, se refiere al nexo entre bienestar y transformación de la familia. En todos los países ha habido una reducción en el tamaño promedio de las familias y una creciente incidencia de adultos mayores solos (es decir, parejas de ancianos o ancianos solteros). En la transición de la tercera a la cuarta edad, las soluciones encontradas para satisfacer las necesidades del cuidado de este componente de la población son diferentes. En algunos casos, como en el inglés, los lazos familiares son más tenues junto con una alta presencia histórica de las mujeres en el mercado laboral, lo que en definitiva implica no poder contar con la tradicional disponibilidad de familiares para las labores de cuidado, llevando a la generalización del alojamiento en casas de reposo. En otros casos más virtuosos -que se registran principalmente en la Europa continental– prácticas eficientes de atención domiciliaria han permitido a los ancianos, aunque solos, vivir de manera independiente evitando la institucionalización. En los países de Europa Mediterránea, en particular en Italia y España, el elevado envejecimiento de la población unido a los cambios en la familia (con una composición menos pluri-generacional), junto con la mayor presencia de mujeres en el mercado laboral (y por consiguiente, menor disponibilidad para el cuidado) así como a la escasez de servicios, ha generado una dependencia del mercado para satisfacer la necesidad de cuidado de los ancianos. Es así que ha nacido una práctica clásica y bien consolidada en todos estos países, que es la de emplear mujeres inmigrantes para las labores de cuidado. En italiano estos asistentes familiares para el cuidado de los ancianos son llamados “badanti” (cuidadores). Sólo en Italia estos trabajadores, provenientes principalmente de Europa Oriental, son por lo menos un millón. Desde el punto de vista de los países de origen, el fenómeno provoca un efecto de care drain. Las familias de ancianos solos gastan una gran parte de su jubilación para pagar la asistencia comprando servicios de cuidado en el mercado laboral internacional. Esto explica alguno de los aspectos de la inmigración mediterránea, en particular la alta incidencia del componente femenino. De este modo, en la sociedad postindustrial y terciaria, la inmigración no sólo responde a la necesidad de la producción sino también a la de reproducción. En la actual situación, la demanda de labores de cuidado es todavía imponente. La ocupación femenina (en particular de las mujeres extranjeras) no se ha reducido en modo alguno durante los años de crisis. No es una casualidad que no se haya producido el previsto retorno de muchos inmigrantes a sus países.

Una última consideración respecto a la estructura demográfica es la relativa a los jóvenes. La reducción de las tasas de natalidad en los últimos decenios ha determinado en la situación actual una presencia más modesta de los grupos poblacionales en edad productiva (sobre todo los jóvenes). Sin embargo, a pesar de su reducción, los jóvenes son también los más afectados por los cambios en el mercado laboral con un fuerte aumento del desempleo, en particular en los países mediterráneos, donde la crisis es más grave y las perspectivas de recuperación más débiles y distantes.

Esta falta de empleo de los jóvenes en un sistema de bienestar contributivo implica una menor disponibilidad del gasto para la Seguridad Social, ya que ésta deriva de los pagos de los trabajadores empleados y de sus empleadores. El origen de las dificultades de los sistemas de bienestar contributivos está relacionado con problemas de política económica y ocupacional, cuyos efectos se perciben ya, pero que serán mucho más graves en el próximo futuro. Las políticas depresivas y de estancamiento impuestas por los Gobiernos y Organizaciones Internacionales en esta fase no sólo limitan los beneficios actuales del sistema de bienestar, sino también reducirán, de manera más que proporcional, las pensiones y otras prestaciones de las políticas sociales.

Acerca del Autor

Enrico Pugliese (Castrovillari, 1942) es Profesor Emérito de Sociología del Trabajo de la Facultad de Ciencias Políticas, Sociología y Comunicación de la Sapienza, Università di Roma donde enseña en el Doctorado de Sociología y Ciencias Sociales. Es miembro del IRPPS (Istituto di Ricerche sulla Popolazione e le Politiche Sociali) del CNR (Centro Nazionale della Ricerca), del cual ha sido director del 2002 al 2009. Ha sido profesor durante décadas de la Università di Napoli Federico II, donde ha ejercido como Decano de la Facultad de Sociología. Ha publicado numerosos libros sobre el tema del trabajo y la desocupación, sobre las migraciones internacionales y sobre política social. 

Enrico.Pugliese@uniroma1.it

Mattia Vitiello (PhD), sociólogo, es investigador del Istituto di Ricerche sulla Popolazione e le Politiche Sociali  di Roma. Se ocupa de emigración e inmigración, en particular estudiando los procesos de integración de los inmigrados, particularmente en referencia a la inclusión laboral. En los últimos años se ha focalizado en las políticas migratorias en su dimensión histórica. Entre sus publicaciones: Il modello mediterraneo delle politiche migratorie: le politiche di ingresso e di stabilizzazione, Donzelli, Roma, 2008; Il lavoro degli immigrati in Italia e le politiche del lavoro, Liguori Editore, Napoli 2012.

m.vitiello@irpps.cnr.it