JUVENTUD E INSERCIÓN LABORAL EN AMÉRICA LATINA (Guillermo Dema)

Jovenes trabajo

Existe creciente consenso tanto académico como político en la importancia de lograr que, desde la juventud, las personas transiten trayectorias laborales en condiciones que les permitan mejorar sus posibilidades de inclusión social y productiva[1]. Esto fortalece variables personales y laborales, pero también variables económicas y sociales como el crecimiento potencial, la cohesión social y hasta la gobernabilidad democrática.

Con diverso nivel de alcance y avance, muchos países de América Latina vienen implementado diversas iniciativas para promover trayectorias de trabajo decente para los jóvenes, destacando iniciativas orientadas a promover el empleo, la empleabilidad y el emprendimiento de los jóvenes. Existe una vasta experiencia regional en este tipo de programas. Desde hace un tiempo, varias de estas iniciativas, han empezado a denominarse como programas, políticas o incluso leyes de Primer Empleo. En realidad, se le da ese nombre a una variedad de iniciativas, pero todas ellas tienen en común la intención de alterar, en la juventud, las trayectorias laborales, bajo la premisa de que las primeras experiencias laborales marcan el desarrollo personal y profesional de las personas.

Jóvenes, primer empleo y trayectoria laboral

Describir la situación de los jóvenes latinoamericanos en el mercado de trabajo es relativamente sencillo: es una situación difícil, compleja y llena de incertidumbres y más si son mujeres. De hecho, el análisis de la problemática del desempleo juvenil y su adecuada inserción laboral ha generado una nutrida literatura y debates. Los hechos estilizados que se han identificado como de mayor relevancia son los siguientes:

  • Las tasas de desempleo de los jóvenes suelen ser bastante mayores, casi tres veces, a las de los adultos.
  • La inserción laboral de los jóvenes es precaria, siendo las tasas de empleo informal o de empleos sin acceso a seguridad social en salud o pensiones de los jóvenes sustantivamente superiores a la de los adultos.
  • La rotación laboral y la duración del desempleo es mayor entre los jóvenes que entre los adultos.
  • Una proporción no despreciable de jóvenes no estudia ni trabaja (nini) ni busca trabajo (ninini) y en algunos casos ni desea estudiar (nininini).

De los más de 100 millones de jóvenes en la región un 34% de jóvenes solo estudia, un 33% solo trabaja, alrededor de un 20% no estudia ni trabaja y un 12% estudia y trabaja. Además, informes previos de la OIT (2007, 2010, 2013) establecen que cerca de dos de cada tres jóvenes que trabajan en la región tienen empleos precarios.

Al considerar la dimensión particular de las mujeres jóvenes en el contexto laboral se encuentra además que en su caso las tasas de ocupación son menores, las tasas de desempleo son mayores, y que la prevalencia de empleos precarios las afecta de manera desproporcionada. Al mismo tiempo, al incorporar la dimensión educativa, se encuentra que la problemática ninini y nini también afecta de manera desproporcionada a las mujeres. Aquí intervienen temas como el doble rol de madre y trabajadora de las jóvenes, pero además una falta de mecanismos apropiados para la conciliación de la vida laboral con la familiar.

Se debe señalar, sin embargo, que estos problemas que afectan a los jóvenes no son exclusivos de la región ni del presente. Así por ejemplo, las elevadas tasas de desempleo y rotación laboral o inserción laboral precaria de los jóvenes respecto a los adultos se observa en países de ingresos altos, medios y bajos, en contextos de diferentes tipos de regulación en el mercado de trabajo, y se observa tanto en la actualidad como hace tres décadas.

En la Región se ha utilizado la denominación de iniciativas de primer empleo para referirse, al menos, a cuatro grandes tipos de iniciativas de promoción del empleo juvenil:

  • Programas de capacitación e intermediación laboral, presentes con variantes en varios países;
  • Contratos de formación o de aprendizaje, que incluyen los contratos para aprendices (Brasil, Chile, Colombia, México, Honduras, Paraguay, Perú);
  • Subsidios a la contratación, incluyendo iniciativas que complementan los salarios o que establecen exoneraciones tributarias o a las aportaciones de seguridad social (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Panamá);
  • Regímenes especiales para jóvenes (como las leyes de primer empleo de Uruguay y Paraguay, e iniciativas que no prosperaron como en República Dominicana y Perú).

Lecciones aprendidas en América Latina

1ª El primer empleo, y las condiciones que éste tiene, determinan en buena medida, las trayectorias laborales y personales de los y las jóvenes. Un buen inicio, formal, con buenas condiciones de trabajo, mejora en al menos 50% las condiciones de trabajo en los trabajos posteriores[2]. Y la ventaja se amplía conforme avanza la edad.

2ª Generar las condiciones para un primer empleo adecuado es entonces una variable importante para las políticas económicas, laborales y sociales. En muchos casos, los buenos o malos inicios son determinados por el entorno social y productivo, el entorno familiar, el itinerario educativo, la existencia de shocks idiosincráticos (maternidad, abandono escolar, etc.) entre otras variables. Es por eso, que las políticas de empleabilidad no deben empezar cuando los jóvenes dejan la escuela o acceden al primer empleo, sino desde antes, con intervenciones para mejorar la calidad de la educación básica, garantizar la conclusión de la escolaridad formal, e integrando aspectos de preparación para el mundo del trabajo. Se requieren también políticas que promuevan la expansión del sector productivo y mejora de las condiciones del entorno social y familiar.

3ª Crecientemente, muchos países han optado por iniciativas orientadas a fortalecer la experiencia en el primer empleo, con un particular énfasis en el empleo asalariado. Aunque en muchos casos se les denomina de primer empleo (ver listado anterior). La revisión de estas experiencias motivas algunas reflexiones que pueden ser de utilidad para la toma de decisiones de política.

4ª Por un lado, en relación al objetivo de estas iniciativas, frecuentemente los resultados tienen más vinculación con resultados de largo plazo, como las trayectorias laborales, que en variables de corto plazo, como el desempleo o la informalidad. El desempleo, la informalidad o variables similares, deben ser enfrentados con esquemas integrales que ciertamente sobrepasan los límites de lo que puede aspirar una iniciativa de primer empleo, por más grande que esta sea. No se discute que estas iniciativas pueden influir en estas variables, pero estas dependen de muchos otros factores.

5ª Por otro lado, una constatación de utilidad para todo tipo de experiencia es que en la juventud, hay una elevada intermitencia entre empleo y desempleo, y al interior del empleo, entre ocupaciones. Por tanto, se requieren estrategias que permitan sostener o mantener la experiencia en el puesto de trabajo y no solo facilitar la inserción laboral. Aquí las iniciativas previas al primer empleo, como la educación básica y la capacitación son de alta utilidad. En otros casos, la integración de esquemas de subsidio al empleo con programas de formación y pasantías, combinados con mecanismos de selección y supervisión encargados de garantizar el aspecto formativo de las pasantías, así como con mecanismos de certificación de competencias laborales parece una alternativa a explorar en más detalle.

6ª En el caso de los programas de primer empleo, basados en subsidios a la contratación, que se han multiplicado en tiempos recientes, estos pueden diseñarse para promover la permanencia en el puesto de trabajo por un lapso suficiente para generar mejoras en la empleabilidad de los jóvenes. Los mecanismos de selección y supervisión deben enfocarse en la pertinencia y calidad de la formación que pueden ofrecer las empresas, de manera que los jóvenes realmente adquieran competencias laborales que mejoren su perfil profesional. Por su parte los mecanismos de certificación –de la experiencia y de las competencias– pueden facilitar las transiciones entre empleos al permitir que los jóvenes acumulen experiencia verificable y que acrediten sus competencias ante nuevos empleadores a lo largo de sus itinerarios laborales.

7ª La efectividad de los regímenes laborales especiales para jóvenes está aún por verse. Aunque se ha intentado en varios países, la experiencia de la región es que este tipo de iniciativas no han prosperado. En cualquier caso, si algo hemos aprendido de estas experiencias es que cualquier iniciativa de este tipo debe estar basada en un contexto de diálogo social; que se debe tener cuidado en no generar incentivos equivocados con posibles efectos de desplazamiento o sustitución de un tipo de trabajador por otro y en evitar posibles tratos discriminatorios contra los jóvenes.

[1]La importancia de las trayectorias laborales ha sido analizada en América Latina OIT (2007, 2010 y 2013)

[2] Guillermo Dema, Juan José Díaz, Juan Chacaltana, “¿Qué sabemos sobre los programas y políticas de Primer Empleo en América Latina?” Lima:OIT; Oficina Regional para América Latina y el Caribe, 2015 p.42.

Lima, 8 de Octubre

Documentos de interés para ampliar la información:

OIT. Octubre 2015. Global Employment Trends for Youth 2015: Scaling up investments in decent jobs for youth . Ginebra. También disponible en:http://ilo.org/global/research/global-reports/global-employment-trends/youth/2015/lang–en/index.htm

OIT. Mayo 2015. ¿Qué sabemos de las políticas y programas de primer empleo en América Latina?:. Lima. También disponible en:http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/documents/publication/wcms_369021.pdf.

OIT. Diciembre 2013. Trabajo decente y juventud en América Latina: políticas para la acción. Lima. También disponible en: http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/documents/publication/wcms_235577.pdf

 

Guillermo Dema Rey

Foto GDEMA2

Español. Especialista en Cooperación para el Desarrollo. Licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense de Madrid. Con estudios superiores en Gestión del Conocimiento y en Desarrollo y Cooperación.. Se desempeño profesionalmente en la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas y en la Casa de América de Madrid. Ha participado como conferencista en diversos temas, relacionados con la Descentralización, Reforma del estado y trabajo infantil y promoción del trabajo decente para los jóvenes en diferentes foros nacionales e internacionales.

Funcionario de la OIT desde 1998, ocupando diversos cargos de responsabilidad, primero en la Oficina Regional en Lima (1998-Octubre del 2003) posteriormente en la Oficina Subregional para Centroamérica donde ocupo el puesto de Coordinador Subregional para América Central, República Dominicana, Haití y México, del Programa Internacional para la erradicación del trabajo infantil. En Noviembre del 2008 se incorpora a la Oficina Regional de la OIT en Lima como especialista regional en trabajo infantil y promoción del empleo juvenil.