LA CALIDAD DE LA ATENCIÓN DE SALUD EN LOS PAÍSES DE LA UNIÓN EUROPEA (Alberto Infante)

Urgencias

Según una encuesta del Euro-Barómetro[1], a finales de 2013 un 71% de los habitantes de la UE opinó que la calidad de los sistemas de salud de sus respectivos países era buena, una proporción similar a la de 2009. Como era de esperar las diferencias entre países fueron muy marcadas de modo que el porcentaje varió entre las elevadas cifras de Bélgica (97%) y Austria (96%) y las muy bajas de Rumanía (25%) y Grecia (26%). En general la opinión tiende a ser más favorable en los países del norte y el oeste que en los del este y el sur, y en algunos países ha oscilado de forma significativa entre ambas fechas.

Aproximadamente la cuarta parte (27%) de los encuestados afirmaron que ellos o sus familiares habían sufrido un efecto adverso al recibir atención de salud, un porcentaje similar al de 2009 (26%). Sin embargo, la proporción de efectos adversos que fueron reportados aumentó sustancialmente (de 28% en 2009 a 46% en 2013), lo que parece traducir una mayor concienciación sobre el tema. Y si en 2009 solo uno de cada tres encuestados pudo nombrar a un responsable de la seguridad de los pacientes en su país, este porcentaje aumentó mucho en 2013 (si bien la mayoría mencionó al Ministro/a de Salud o a su prestador y no a una autoridad o responsable específico).

Casi al mismo tiempo, en 2014, se publicó la tercera edición del informe Health at a Glance: Europe 2014, una publicación conjunta de la OCDE y la Comisión Europea[2]. El informe, que no distingue entre sistemas de financiación pública y privada, ofrece datos interesantes sobre la calidad de los cuidados de salud en Europa durante el periodo 2009-2012, es decir durante los primeros cinco años de la crisis económica.

En primer lugar, el gasto en salud – en términos reales – cayó en la mitad de los países y se frenó significativamente en la otra mitad. En promedio cayó un 0,6% anual en ese periodo cuando había estado creciendo un 4,7% anual entre 2000 y 2009. Y aunque se recuperó levemente en algunos países (Austria, Alemania, Polonia) la caída se ha mantenido más allá de 2012 en otros (Grecia, Italia, Portugal, España, Rep. Checa y Hungría)

En segundo lugar, salvo algunas excepciones (Bulgaria, Grecia, Chipre), la gran mayoría de países ha mantenido la cobertura universal (o casi-universal) de los servicios básicos de salud. Y en casi todos ellos ha seguido aumentando la proporción de médicos (de 2,9 en 2009 a 3,4 por mil hab. en 2012) y enfermeras por habitante, si bien con grandes asimetrías al interior de algunos países para ciertas categorías profesionales (p. ej. médicos de familia en áreas rurales)

En tercer lugar, los tiempos de espera excesivos, sobre todo para determinadas cirugías y algunas exploraciones programadas, continuaron siendo un problema en muchos países, observándose una gran variabilidad tanto entre países como entre regiones de un mismo país.

En cuarto lugar, siguió progresando la supervivencia de ciertas condiciones“trazadoras” que ofrecen riesgo vital tales como el infarto de miocardio o el accidente vascular cerebral. También mejoró la supervivencia de los pacientes de cáncer de colon, mama y recto, si bien la diferencia entre las tasas de supervivencia de los países con mayor y menor supervivencia fue significativa (20%).

En quinto lugar, la calidad de la atención primaria – medida en términos de disminución de las hospitalizaciones evitables por enfermedades crónicas tales como asma y diabetes – mejoró en la mayoría de países.

Tomando en cuenta lo anterior, podría concluirse que globalmente la calidad de la asistencia de los sistemas de salud de los países de la UE ha resistido aceptablemente el impacto de la crisis económica… por lo menos hasta 2012. Sin embargo, si el análisis se realiza en el nivel de los países, y se toman en cuenta datos más recientes, esta conclusión ha de ser matizada. Sobre todo en los países más duramente golpeados por las políticas de austeridad.

A grandes rasgos estas políticas han disminuido el gasto público en salud por habitante en ocasiones hasta niveles anteriores al inicio de la crisis, lo que se ha traducido en: disminución del personal de salud; aumento de la precariedad en el empleo; peores condiciones de trabajo; congelación del gasto corriente; retraso en las inversiones de reposición; incremento de los tiempos de espera; limitaciones de acceso para ciertos colectivos (p. ej. inmigrantes en situación irregular); intentos de privatización de determinados servicios; y transferencias de gasto al bolsillo de los pacientes mediante el establecimiento de nuevos copagos, sobre todo en medicamentos[3]. Numerosas protestas ciudadanas y profesionales[4] se han producido y los medios de comunicación se han hecho eco de forma reiterada de ellas.

En el caso de España, es razonable suponer que los efectos de las políticas aplicadas durante los últimos cuatro años puede estar en la base del incremento de personas (37% de los encuestados para la asistencia ambulatoria y 43% para la asistencia de urgencia) que opinan que los servicios públicos de salud han empeorado en los últimos cinco años, así como de la disminución de la valoración global tradicionalmente positiva del sistema nacional de salud (6,31 en 2014 frente a 6,59 en 2011)[5].

Los sistemas sanitarios de la UE “constituyen un componente esencial del alto nivel de protección social de la Unión y contribuyen a la cohesión y la justicia sociales”. Al menos desde 2006, estos sistemas han de responder a “los valores de universalidad, acceso a una atención sanitaria de elevada calidad, equidad y solidaridad” los cuales fueron incorporados a la Directiva 2011/24, de 9 de marzo, sobre asistencia sanitaria transfronteriza[6]. Esta Directiva, la primera de la UE en su género, entró en vigor a finales de 2013 e incluye artículos destinados a impulsar el establecimiento de redes europeas de referencia, a mejorar el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades raras, a impulsar la sanidad electrónica y a reforzar la cooperación en evaluación de las tecnologías en salud que, si se desarrollan adecuadamente, podrían contribuir a mejorar la calidad de la atención.

Sin embargo, cuánto tiempo más podrá resistir la todavía aceptable calidad de los sistemas de públicos salud de los países europeos los efectos continuados de las políticas de austeridad es una cuestión que por el momento permanece abierta.

 

ENTREVISTA

 

Dr. Alberto Infante

Profesor (emérito) de Salud Internacional

Escuela Nacional de Sanidad/Instituto de Salud Carlos III, Madrid (España)

 

 

[1] Special Eurobarometer 411: “Patient Safety and Quality of Care”. DOI 10.2772/33169. EuropeanUnion, 2014. El trabajo de campo fue realizado en nov-dic de 2013.

[2]OECD.Health at a Glance: Europe 2014. Published Dec. 2014.http://www.oecd.org/health/health-at-a-glance-europe-23056088.htm

[3]A este respecto pueden verse: a) Informe SESPAS 2014. Crisis Económica y Salud. http://gacetasanitaria.org/es/vol-28-num-s1/suplemento/sespas/S0213911114X0004X/; b) FADSP: Balance de la política sanitaria del gobierno del PP. Madrid. Octubre 2015.

[4]Los médicos nos rebelamos frente a los recortes. Comunicado de la Organización Médica Colegial de España. 28/01/2012. https://www.cgcom.es/sites/default/files/crisis_28_01_2012.pdf

[5]Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Barómetro Sanitario 2014. Publicado en junio 2015. http://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/BarometroSanitario/home_BS.htm

[6] DOUE. Directiva 2011/24/UE del Parlamento Europeo y del Consejo de 9 de marzo de 2011, relativa a los derechos de los pacientes en la asistencia sanitaria transfronteriza.