LA FORMACIÓN PROFESIONAL, CLAVE PARA AVANZAR HACIA LA IGUALDAD DE GÉNERO EN EL MUNDO DEL TRABAJO (María José Chamorro)

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Los estereotipos de género continúan pesando en la selección de carreras que estudian hombres y mujeres en los institutos de formación profesional de América Central y República Dominicana. Esta situación se agudiza en el caso de las mujeres, formadas mayoritariamente en carreras consideradas tradicionalmente femeninas, relacionadas con trabajos de menor productividad, remuneración y reconocimiento social. Esto se produce, a pesar de que todos los países de la región cuentan con legislación y políticas públicas que promueven la igualdad de género. Como se observa, estas políticas no siempre permean las políticas sectoriales, como la de empleo y formación profesional.

Lo anterior llama la atención sobre la necesidad de contar con estrategias específicas para que las mujeres puedan superar estas barreras e incursionar en aquellas carreras que les den mejores perspectivas de encontrar un trabajo decente y superar la inequidades que presenta el mercado laboral de la región actualmente.

Ese mercado, en el caso de América Central y República Dominicana presenta altas tasas de segregación por género. Esta situación afecta a hombres y a mujeres, pero las mujeres se llevan la peor parte. Mientras que las mujeres, con 7 de cada 10 concentradas en ocupaciones tradicionales relacionadas con el cuido, trabajo doméstico, apoyo administrativo, ventas y cocina, están altamente concentradas; el grado de concentración de los hombres (4 de cada 10) es menor y en un mayor número de ocupaciones en los sectores de la agricultura, la industria, la construcción y el comercio.

Aunado a esto, se tiene que las mujeres están más excluidas de las ocupaciones fuertemente masculinas de lo que lo están los hombres de las ramas más feminizadas. Por otro lado, las mujeres se concentran en ramas con salarios más bajos y que están menos valoradas socialmente, ganan menos que los hombres incluso en las ramas más feminizadas y se concentran en las ramas que necesitan menores niveles de cualificación.

Igualmente, si se analiza la distribución de hombres y mujeres en grupos ocupacionales, encontramos que en los niveles técnicos y profesionales medios de calificación es donde las mujeres tienen una participación significativamente menor que los hombres, casi de la mitad. Y es precisamente en estos niveles donde los institutos de formación profesional pueden tener un impacto mayor en términos de corregir los desequilibrios actuales.

Esta situación, aunque mucho más acusada en América Central y República Dominicana, sigue también vigente en Europa, donde informes recientes de la Comisión Europea y el Comité de igualdad de género y derechos de las mujeres del Parlamento Europeo reconocen que muchas mujeres y hombres en la formación profesional y educación secundaria toman decisiones respecto a sus carreras futuras con base en los roles tradicionales de género. También los mercados laborales europeos siguen reproduciendo la segregación por sexo. Por ejemplo, un estudio realizado en España en 2013 sobre “Formación profesional de las mujeres y nuevos yacimientos de empleo” concluía que “La casi plena coincidencia existente entre los niveles de segregación por sexo del sistema educativo y el empleo no dejan lugar a dudas de la relevancia del factor formativo-vocacional en la formulación de cualquier estrategia dirigida a equilibrar la participación de mujeres y hombres en los yacimientos de empleo (como en cualquier otro sector de la economía)”.

Para conocer en profundidad la situación en América Central y República Dominicana, la OIT, en conjunto con la Red de Institutos de Formación Profesional de esta subregión, elaboró el“Diagnóstico Igualdad de género en los Institutos de Formación Profesional de América Central y República Dominicana” (http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—americas/—ro-lima/—sro-san_jose/documents/publication/wcms_314342.pdf) con miras al diseño de estrategias de abordaje de los problemas mencionados anteriormente.

El estudio mostró que las instituciones han logrado aumentar la matrícula total de mujeres en las últimas décadas, pero lo han hecho a costa de grandes desequilibrios internos, entre las distintas especialidades. En el conjunto de instituciones de formación profesional de la región, más del 60% de las especialidades están desequilibradas[1]. Sin embargo, como pasa en el mercado de trabajo, aunque esta segregación afecta a hombres y mujeres, a éstas les repercute con mayor intensidad. Las mujeres están sub-representadas en un mayor número de carreras y las especialidades altamente desequilibradas lo están más para las mujeres. Además, las mujeres son la minoría en la formación de larga duración (calificada o semi-calificada) y en los cursos para las personas trabajadoras en activo, y se concentran en la formación de corta duración por la que se obtiene solo un certificado de aprovechamiento. En resumen, las mujeres tienen opciones de formación más limitadas y con menor impacto en términos de mejora de su empleabilidad.

Las razones detrás de esta situación son muy variadas. Por un lado, está el desequilibrio entre especialidades que se debe fundamentalmente a los estereotipos de género y normas sociales, que siguen teniendo un gran peso en las decisiones que toman hombres y mujeres respecto a qué área estudiar. La incorporación a cursos de distinta duración, por su parte, está relacionada con la forma en que se estructura la oferta formativa de las instituciones, pues los cursos de mayor duración y titulación tienen unas exigencias de tiempo y dedicación basados en un perfil de estudiante hombre sin responsabilidades familiares. Exigencias que las mujeres, en su mayoría responsables del trabajo no remunerado y de cuidado, no pueden cumplir.

Hay, además, otros factores propios de las instituciones y que determinan en buena medida la posibilidad o no de que las mujeres participen. Algunos de ellos están relacionados con la disminución de los costos económicos (gratuidad de la matrícula, existencia de subsidios para los materiales, la alimentación y los traslados, entre otros aspectos)que beneficia más a las mujeres que en mayor número no cuentan con recursos propios. Otros, como el aumento de la cobertura geográfica para acercar los centros a las comunidades, la flexibilidad horaria y la disponibilidad de servicios de cuidado, aumentan las posibilidades de estudiar de las mujeres, que cuentan con menos tiempo por las responsabilidades familiares y de cuidado. Como se señaló anteriormente, la flexibilidad horaria es fundamental para que las mujeres puedan construir itinerarios formativos que les permitan compatibilizar ambas esferas, por lo que todos los esfuerzos dirigidos a que la formación de larga duración sea más flexible, será beneficiosa para equilibrar la matrícula en estos cursos de mayor calificación.

Llama también la atención que la existencia o no de responsabilidades de cuidado, marca las expectativas de las estudiantes mujeres, mientras que no tiene ninguna incidencia en los hombres. Las mujeres con responsabilidades familiares, conscientes de las dificultades de encontrar un empleo que permita compatibilizar ambas esferas, esperan autoemplearse en el área en el que se han formado, mientras que aquellas que no las tienen, esperan mejorar sus capacidades para empezar o consolidar sus carreras profesionales en las empresas.

En el estudio referido, también se indagó sobre la existencia de situaciones de violencia contra las mujeres en las aulas. En la mayoría de las instituciones se reportaron problemas de acoso sexista y hostigamiento sexual contra las mujeres y contra personas LGTBI. El acoso sexista se da sobre todo en las carreras no tradicionales para mujeres u hombres, y cuestiona su capacidad para realizar las tareas encomendadas con base en lo que los estereotipos dictan como “propio” de unos y otras. Salvo el caso de Costa Rica, las instituciones no cuentan con mecanismos de denuncia de los casos ni con acciones específicas de prevención y combate a estos fenómenos.

A pesar de que la situación aquí esbozada está llena de luces y sombras, todos los países de la región cuentan con Leyes de igualdad y/o Políticas o Planes de igualdad, por lo que existe un marco regulatorio y de política pública promotor de la igualdad. Algunas de las instituciones, además, tienen políticas de género, cuentan con mecanismos institucionales para la promoción de la igualdad y han puesto en marcha medidas específicas que ya están empezando a dar resultados.

Al respecto, el informe plantea una serie de recomendaciones relacionadas con áreas claves para promover la igualdad, entre las que se incluyen: producción y divulgación de conocimiento sobre factores claves para romper con la segregación en la formación profesional; consolidación de mecanismos para promover la igualdad en las instituciones; desarrollo de campañas de promoción y acceso de mujeres y hombres a áreas no tradicionales; revisión de la oferta formativa en materia de horarios y dedicación; facilitar opciones de cuido para lograr la permanencia y egreso de mujeres y hombres en condiciones de igualdad; mejora de los servicios de orientación e intermediación laboral; prevención y combate del acoso sexista y el hostigamiento sexual; y fortalecer las instituciones incluyendo también formación para la empresarialidad.

[1]Aquellas especialidades en las que la participación de hombres o mujeres es inferior al 40% son especialidades desequilibradas. Cuando la participación de alguno de los dos sexos sea inferior al 25% la especialidad está altamente desequilibrada.

María José Chamorro

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Española. Socióloga por la Universidad Complutense de Madrid, Máster en Gestión Medioambiental por la Escuela de Organización Industrial de Madrid. Trabajó en el sector privado como especialista en estudios de impacto antes de ingresar en la OIT en 1998. De 1998 a 2008 trabajó como especialista técnica en el Programa Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil (IPEC), primero en la Coordinación Subregional para Centroamérica, y desde 2004 a 2008 en Ginebra. Se incorporó al Equipo de Trabajo Decente de San José en 2008.