LA MEJOR INVERSIÓN (Lluís Francesc Peris Cancio)

LA MEJOR INVERSIÓN (Lluís Francesc Peris Cancio)

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La infancia es el sector de la población más interesante en el que la política social de un país pueda invertir. Ha sido un premio nobel de economía como Heckman en el 2008 el que ha demostrado que, además, son los primeros años de vida los que mayor rentabilidad producen en el crecimiento del capital humano de una nación. La sensibilidad hacia las necesidades de los niños y niñas gozan, normalmente, de un gran consenso; y sin embargo la intensidad de la respuesta institucional a la infancia es todavía variable de contexto a contexto.

Buscando una mirada amplia y trasversal, el recorrido de estos veinticinco años desde la firma de la Declaración Universal de los Derechos del Niño en New York en 1989 muestra un panorama en el que se ha avanzado mucho en acciones concretas a tutela del desarrollo evolutivo de las personas en sus primeros años de vida. Pero junto a ello, se constata en el último decenio un menor optimismo y una mayor dificultad por lo que se refiere al conseguimiento de todos los objetivos que en ella se auspiciaron.

La garantía de servicios orientados a una atención universal de la primera infancia y de su familia, que garanticen contemporáneamente la provisión de igualdad de oportunidades a todos los niños y niñas de una  nación, que erradique la pobreza infantil y la reproducción de las diferencias sociales, junto con un tratamiento ecuo de responsabilidades y de derechos en padres y madres, figura como un intento al que pocos países pueden vanagloriarse de haber dado un pleno cumplimiento.

Son distintos los aspectos influyentes. Uno muy importante son los tiempos necesarios para poder evaluar resultados concretos. Sabido es que la inversión más rentable es la de largo plazo, como en el caso de la infancia. Pero no todos los gobiernos tienen la capacidad de esperar ciclos largos para capitalizar inversiones cuyos resultados serán evidentes sólo después de decenios…

Por otro lado, la realización de una política de cuidados a la primera infancia es articulada y compleja: significa una implicación en el reparto de responsabilidades y una sinergia entre familia, Estado y mercado, así como entre niveles de las distintas administraciones, dando como resultado que el diseño técnico del sistema en cada país aparece variable según la geometría de sus componentes, en base a las distintas sensibilidades de los decisores políticos. Se observa que quizás la respuesta más madura es la oferta plural de distintas modalidades y servicios de atención a la primera infancia que permitan a la familia, y en particular a la madre, poder elegir con libertad sin comprometer su propia realización personal, garantizando la mejor estimulación a cada menor más allá de sus condicionantes familiares.

Focalizándonos en la cuestión de género, se podría decir que, a pesar de los significativos cambios de los últimos cincuenta años, la realidad vigente del cuidado continua siendo prevalentemente sexista: son normalmente las mujeres quienes en última instancia se les atribuye la obligación de dedicarse prioritariamente a la atención de la prole.

En este punto encontramos diferencias importantes en ambas regiones. En Europa, las políticas de cuidado y conciliación entre la vida familiar y la vida laboral se encuentran más desarrolladas, teniendo como consecuencia una mayor inserción de las mujeres en el mercado laboral. Se confirma que, si bien estas políticas por sí solas no consiguen transformar las relaciones de género al punto de obtener un reparto plenamente equitativo del cuidado de la prole entre hombres y mujeres, han permitido avanzar de modo importante en esta dirección, como se evidencia de los estudios comparativos entre países europeos (véase como ejemplo la variabilidad en los indicadores de igualdad de género entre los países bálticos y los países mediterráneos).

América Latina, por su parte, presenta una gran heterogeneidad en la organización social del cuidado, derivada de tradiciones culturales, mercados laborales, y modalidades de producción diferentes. Un largo recorrido queda por delante en la superación de la idea de que el cuidado de niñas y niños debe ser provisto exclusivamente por las familias (de modo implícito por las madres), una convicción que explica la muy baja cobertura de salas maternales, guarderías y jardines de infantes en la región.

Junto a ello, afortunadamente, están naciendo en los últimos años en distintos países latinoamericanos ambiciosos programas nacionales de atención a la primera infancia que manifiestan el deseo di invertir con decisión en acciones que combinan la atención a los menores antes de su inserción en la escuela obligatoria, el apoyo a las familias y la promoción de una efectiva igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en el mercado laboral.

Por su parte, la Unión Europea, gracias a la planificación Europa 2020, consolida la relevancia estratégica de este sector de la política social entendido como una inversión que comporta un crecimiento inteligente, sostenible e integrador que ofrece beneficios a largo plazo para la infancia, la economía y la sociedad en su conjunto. Europa se ha hecho consciente de que la intervención temprana y la prevención son esenciales para elaborar políticas más eficaces y eficientes, constatando una dura lección de la experiencia de los últimos cincuenta años: que el gasto público dedicado a paliar las consecuencias de la pobreza y la exclusión social de los niños en edades más avanzadas suele ser superior al desembolso necesario para una intervención compensadora en edad temprana.

Por ello, invertir en la primera infancia aparece necesario tanto para una sensibilidad liberal mercantilista como para una orientación igualitarista de derechos sociales. En el primer caso porque significa una inversión rentabilísima para la cualificación del capital humano de una nación, y de consecuencia, para aumentar su competitividad. En el segundo, porque es la inversión más eficaz para contrastar la pobreza, romper el ciclo de las desventajas sociales y promover la igualdad entre hombres y mujeres. De consecuencia los más pequeños y pequeñas logran un insólito consenso: ellos son, en cualquier caso, la mejor inversión.

(Ilustración de María Peris Laparra)

  • Carlos Aglio

    Gostei muito desse texto, que creio ser uma excelente reflexão (conforme o que entendi da leitura em espanhol) muito pertinente ao momento atual brasileiro a cerca das discussões sobre a redução da maioridade, em que muitos defendem que seria mais barato investir na educação que que investir em presídios.