¿TRABAJO EN LA CÁRCEL? SÍ, SI ES TRABAJO VERDADERO, DE LO CONTRARIO ES INÚTIL (Nicola Boscoletto)

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¿Qué se podría decir de una fábrica que produce un 70% de piezas defectuosas, de una escuela en donde el 70% de los alumnos es suspendido o aun peor de un hospital donde el 70% de los pacientes no sale vivo? Podéis cambiar a voluntad los sectores de aplicación, sin embargo la respuesta será siempre la misma: es un fracaso, un escándalo que produciría la destitución inmediata de los gerentes, directores y directivos de la salud. Intentemos ahora imaginar por un instante que todas las fábricas, las escuelas y los hospitales de un país producen estos desastrosos resultados.

Esto es lo que pasa con la cárcel, la institución que debería devolver a la sociedad personas diferentes, cambiadas, mejores de cómo han entrado. Y no sólo para un país, sino en todo el mundo. Al norte y al sur del planeta, en países ricos y pobres: en todas partes sin excepción (o casi, como veremos más adelante), de la cárcel se sale para regresar cuanto antes.

La cárcel es en todo el mundo un business de primera magnitud ya que implica gastos de toda naturaleza que se repiten cíclicamente cada año. Además de la construcción de institutos, el mantenimiento requiere grandes gastos. Los importes varían ampliamente en toda Europa, con picos en algunos países de 685 euros por día por preso. Las 45 administraciones europeas que han proporcionado datos a la investigación SPACE I de la Unión Europea en 2012 gastaron más de 26 mil millones de euros en las exigencias penitenciarias. Además, la cifra incluye sólo los costes directos, por lo tanto el gasto real es mucho mayor.

¿De cuáles costes estamos hablando? Ciertamente de aquellos relativos a la alimentación, al alojamiento y no sólo para los presos y agentes, los gastos de los servicios públicos (agua, gas, electricidad), los uniformes de los agentes de acuerdo a la temporada. Luego están los costes de armas: cada año se compra una cantidad de municiones increíble para ejercitación del personal. Además es necesario considerar los costes relativos a los vehículos blindados de todo tipo y grado para el traslado de los presos, vehículos que naturalmente luego necesitan reabastecimiento de combustible y mantenimiento. Pensemos pues en las actividades escolares, recreativas, educativas, deportivas; en todos los gastos de tipo sanitario, con un despilfarro increíble de fármacos, psicofármacos los primeros en lista. Por no mencionar el coste de la tecnología, especialmente para las necesidades relacionadas con la seguridad.

Me detengo aquí para no ir demasiado lejos y resultar tedioso, sin embargo, es obligatorio mencionar el tema principal, relativo al personal (casi todos agentes de lapolicía) caracterizado además en casi todos los lugares por una altísima tasa de sindicalización, con una proliferación anormal de siglas sindicales (en Italia 17 organizaciones por aproximadamente 40mil agentes penitenciarios) y relativos costes y cargas burocráticas. En promedio, por cada preso en Italia se gastan unos 250 euros por día, gran parte de ellos destinados a los gastos del personal.

Esta incapacidad de cumplir con su objetivo revela, además, que de una forma más furtiva o solapada, en todo el mundo las cárceles son lugares de violencia, degradación, lugares en donde el hombre no es considerado como persona, donde desaparece su dignidad y sus derechos son pisoteados.

Todo esto nos lleva a otra consideración: ha fracasado la ecuación (en realidad nunca demostrada, si bien parece un dogma universalmente aceptado) entre condena y cárcel. Permanecer durante incluso décadas en prisión no coincide con el cumplimiento de la condena, excepto en el sentido de ejecución formal y mecánica de una sentencia. En términos de concientización, modificación, reinserción, la cárcel no provoca resultados apreciables. Esta ecuación en todo el mundo ha generado una recidiva entre el 70 y el 95%. Esto significa que un porcentaje incluido entre el 70 y el 95% de quien termina de cumplir su condena vuelve a delinquir, cometiendo delitos aún más graves que el primer delito cometido. Y sólo por problemas de insostenibilidad económica del sistema carcelario se inicia hoy a pensar en soluciones alternativas.

Países asiáticos, africanos, europeos, latinoamericanos, China, Rusia y Estados Unidos se encuentran todos compartiendo datos extremadamente negativos en cuanto a la situación en las cárceles. Sin embargo alguna pequeñísima excepción dispersa en todo el mundo existe. En Italia y en Brasil, por ejemplo, existen experiencias de alcance limitado pero que desde hace décadas producen resultados excelentes. A tal propósito, a continuación dos enlaces, uno relativo a un estudio realizado por el Centro de estudios CESEN gracias a la financiación de la Fundación americana Fetzer sobre el método adoptado por la Cooperativa social Giotto en la Casa di Reclusione (Penitenciaria) de Padua, en línea con el modelo de cooperación social italiano (enlace Working Paper en italiano http://bit.ly/1PkEHDD enlace Working Paper en inglés http://bit.ly/1PkELmX; enlace presentación en italiano http://bit.ly/1G9Kz0O enlace presentación en inglés http://bit.ly/1G9KKsP enlace presentación en español http://bit.ly/1G9KKcu), y un vídeo filmado siempre dentro de la cárcel de Padua (enlace en italiano http://bit.ly/1G9KGJN; enlace en inglés http://bit.ly/1G9KM47 enlace en español http://bit.ly/1G9KQkh).

Las experiencias que producen los mejores resultados tienen dos factores en común. El primero es una concepción bien precisa del hombre, de la persona; el segundo es la importancia atribuida al trabajo. Para recordar una querida frase de papa Francisco – por él repetida decenas de veces – “sólo el trabajo da dignidad”. A condición de que sea un trabajo verdadero, que conlleve igualdad de derechos y obligaciones, regularmente retribuido, alineado a las especificaciones del mercado, desde los puestos de trabajo a los contratos, que apunta a la calidad de los procesos y de los productos y se enfrenta con las excelencias de los sectores correspondientes.

Todas las tentativas, muchas todavía en curso en todas partes del mundo, por hacer trabajar a los presos con formas antiguas o modernas de explotación no han dado fruto en ningún continente. Está a la vista de todos, desde hace años, el fracaso de un sistema que hace trabajar a las personas sin ninguna retribución, o con salarios irrisorios. Esta práctica no justifica apelarse al hecho de que una persona detenida signifique un costo y por lo tanto en los papeles se le paga pero luego la administración penitenciaria retiene gran parte de su sueldo, por lo cual al trabajador, si le va bien, le queda en su bolsillo solo una propina.

En el ensayo “Carcere e dirittisociali” (2010) (Cárcel y derechos sociales) Giuseppe Caputo discute estos temas de una manera muy relevante, con referencia a la situación italiana:

El trabajo penitenciario, normalmente ocasional y descalificado, es un ambiguo instrumento de control que tiene el único objetivo de brindar ocasiones de recreación que contribuyan a mantener la seguridad y el orden en cárceles superpobladas al borde del colapso. Tampoco los salarios por el trabajo penitenciario son aquellos previstos por la ley. (…) Aquellos pocos presos que trabajan en la cárcel perciben un salario pobre que los ayuda a mala pena a cubrir a las necesidades alimentarias y sociales primarias. No logran acceder a la mayor parte de los derechos en materia de seguridad social(prestaciones familiares, indemnización por desocupación, jubilaciones) que les corresponde a todos los trabajadores. El período transcurrido en cárcel es para ellos un tiempo “inútil” durante el cual no logran, aunque trabajen, madurar los requisitos contributivos necesarios para acceder a las prestaciones sociales. En algunos casos la exclusión del estado de bienestar durante el período del encarcelamiento puede tener incluso consecuencias irreversibles.

El fruto de esta impostación es, como hemos dicho, una recidiva casi total, mientras que un trabajo verdadero, que nace de una idea de persona que implica una precisa idea de sociedad civil, reduce la recidiva a porcentajes dramáticamente más bajos, de un 15/20% hasta un 2/3%. Los resultados, en beneficio de toda la sociedad, son un ahorro económico impensable, una mayor seguridad social, el respeto de las normativas nacionales e internacionales (evitando por lo tanto de incurrir en onerosas sanciones) y sobre todo devolver a un padre y a una madre un hijo que antes estaba perdido.

Nicola Boscoletto

Presidente de la Cooperativa Social Giotto – Padua (Italia)


Nacido en Chioggia (Venecia) en 1963, casado, dos hijos. Se ha graduado en Ciencias Forestales en la universidad de Padua. Socio fundador en 1986 de la Cooperativa social Giotto de la cual es presidente. También preside el Consorcio social Giotto de Padua fundado en 2004 para responder de manera más completa y precisa a dos sectores del malestar social tales como la cárcel y la discapacidad física, psíquica y psicofísica.